La educación sexual sigue siendo en muchos ámbitos un tema difícil de hablar, abordar, proponer y orientar. Esto no ocurre, precisamente, porque sea compleja, densa o vergonzosa, sino porque todo este tiempo lo hemos estado haciendo de la forma equivocada.

Una “educación” sexual basada en ideologías es dañina para el ser humano, pues enseña una pésima comprensión sobre la persona humana y tiende a ser reduccionista. Además, en el peor de los casos, puede llegar a inducir a quienes la reciben a una serie de prácticas que deriva en adicciones.

¿Qué es la educación sexual?

La verdadera educación sexual es aquella que aborda a la persona humana integralmente. Entonces, es aquella que no se reduce únicamente a la genitalidad o a actos concretos. La verdadera educación sexual es capaz de transmitir que, en todas las dimensiones de la realidad humana, se puede educar para amar.

Por tanto, la verdadera educación sexual es aquella que es capaz de enseñar el propósito y sentido de nuestros deseos y pasiones. Es una educación que encamina a la libertad. Así, previene mucho más que una enfermedad venérea o un embarazo inesperado. Previene la objetivización de la persona y el riesgo a usar y ser usado.

1. Correcta comprensión de la sexualidad

En primer lugar, es preciso una correcta comprensión de la sexualidad humana: el primer paso para una vivencia plena de la sexualidad y, aún más, para poder enseñarla de manera íntegra, es conocerla como lo que es en realidad. La sexualidad humana no es solo sexo, no es solo placer, no es solo intimidad, es mucho más, es persona.

Cuando hablamos de sexualidad humana, hablamos de mi persona, de lo que soy como varón o como mujer. La sexualidad es la manifestación de toda mi persona y se compone de múltiples ámbitos relacionados entre sí: el biológico, el psicológico, el espiritual, el emocional y social.

2. Prácticas que atentan contra la sexualidad

En segundo lugar, es necesario comprender qué prácticas profanan este don. Una vez se comprende la sexualidad de esta forma, podemos entender por qué los desórdenes en nuestra sexualidad afectan toda la persona, la forma en la que nos relacionamos con los demás, con nosotros mismos y con Dios.

Generalmente, la forma en la que muchos de nosotros hablamos, enseñamos, predicamos y alertamos sobre prácticas como la pornografía, la masturbación y la fornicación se queda únicamente en un discurso moral. No podemos ignorar la inmoralidad intrínseca de estos actos, pero en un mundo tan hipersexualizado nuestra única herramienta no puede ser decir: “es pecado y punto”.

Tenemos que dar razones, argumentos contundentes y reales. Debemos hablar sobre las consecuencias físicas y emocionales que cada una de estas prácticas trae consigo. Aún más, debemos concientizar que cualquier práctica sexual que no respete el cuerpo y el alma es fuente de heridas y constituye una profanación de nuestro cuerpo y, por consiguiente, de nuestra persona.

3. El factor pornografía

En tercer lugar, concienticemos: por desgracia, el acceso tan fácil a la pornografía significa hoy un despertar sexual prematuro para muchos. Las estadísticas recientes indican que muchos adolescentes ya consumen pornografía habitualmente, e incluso la edad de primer consumo baja cada vez más.

Esto quiere decir que a los 13 o 14 años muchos adolescentes tienen una visión completamente distorsionada de la sexualidad humana. En muchos casos, este consumo acompañado de la masturbación se convierte en una adicción.

Quienes acompañamos, dirigimos, aconsejamos o tenemos contacto con jóvenes y adolescentes tenemos un reto: ayudarles, acompañarlos, empatizar con ellos y entender que estos desórdenes han impactado significativamente sus vidas.

4. Hablemos más

En cuarto lugar, necesitamos hablar más. Esto aplica especialmente para los padres. La responsabilidad de educar correctamente a los hijos significa también educar en la sexualidad.

Si para ti la sexualidad humana está relacionada con el morbo, con la hipersexualización, con lo impuro, con lo sucio o lo desordenado, será un tema difícil e incómodo de hablar. Sin embargo, si comprendes la belleza de la sexualidad humana, será un tema hermoso de explicar porque está directamente ligado con la dignidad que quieres cuidar en tus hijos.

El desarrollo psicosexual normal

Todas las personas pasamos por un desarrollo psicosexual normal. Este desarrollo va acompañado de ciertas etapas y de una tarea correspondiente para cada rango de edad. Conociendo ese orden, sabrás cómo educar y cuándo será el momento indicado para tocar ciertos temas que un niño debe escuchar de primera mano de su papá y mamá.

En los primeros años de vida, de 0 a 2 años, el niño necesitará desarrollar un apego sano por sus padres y lazos de amor seguros con ellos.

De los 3 a 5 años llega la etapa de identificación y afirmación del género. En esta etapa es fundamental que ambos progenitores acompañen al niño a identificarse y afirmarse en su realidad dada por Dios de ser varón o ser mujer.

Finalmente, de los 12 a 22 años llega la etapa de exploración sexual. Esta debe ser una etapa de mucho acompañamiento, pues es donde el adolescente aprende a dominar e integrar el impulso y los deseos sexuales, y a reconocerlos nuevamente como un don de Dios.

Como puedes ver, la educación sexual integral es realmente hermosa porque nos educa para amar. No tengas miedo a formarte sobre este tema. Atrévete a vivir una sexualidad realmente plena y, sobre todo, a dejarte guiar y guiar a otros por este diseño que Dios siempre pensó para nuestra vida.